A por azúcar
Posted by admin on Jul 1, 2009
Después de todo el día trabajando, decidí ir a casa a ducharme y relajarme. Me tomé una Coca-Cola y fui al baño. Me quité la ropa y me metí en la ducha. El agua estaba calentita y mi polla también. Poco a poco fue creciendo, hasta que se puso bien dura. En ese momento oí como llamaban a la puerta de mi apartamento. No podía salir en aquella situación… pues mi erección era de tal calibre que parecía que fuéramos dos en aquel piso.
Cogí la toalla y me puse las chanclas. Salí corriendo hacia la puerta, con aquel pollón escondido debajo de la toalla. Al abrir me encontré a una bella joven con una tarrina en la mano. Yo no abrí del todo, pues no quería que me viese con aquel aparato a propulsión. No la conocía, pero me gustó mucho lo que vi.
Era una joven muy atractiva, con bellos pechos (vamos a decirlo así) y una figura esbelta (estaba toda buena), al parecer tenía “marido”, yo no iba a preguntar, dejar solita semejante hembra era un crimen de lesa humanidad.
La joven me pidió un poco de azúcar, pues se habían mudado al piso de arriba ese mismo día (lo dicho, andaba en “pareja” y el tío la dejaba sola). Me dijo que no había tenido tiempo de comprar y que no tenía nada. Yo le dije que pasara, pero que yo iba un momento al baño. Ella pasó y me dijo que no me preocupase, que esperaría en el salón.
Yo, con el torso al aire, enfilé el camino al baño. Cuando entré en el WC, aún tenía aquella mega-erección. No sabía lo que podía hacer para bajarla. Así que intenté echarme un poco de agua fría, pero al pensar que tenía una macizorra en el salón, aún me la ponía más dura. Lo intenté, lo juro, pero no pude. Así que, intentando esconder mi gran erección, me dirigí al salón. Allí estaba ella, sentada en el sofá, mirando mi colección de CD´s. Se ve que le gustó, pues decidió pedirme un par de ellos prestados. Yo, encantado, se los cedí. Ella me dijo que si me acordaba de lo del azúcar. Yo le respondí que sí, pero la invité a cenar, pues ella me había dicho que no tenía mucha comida en casa y yo aún no había cocinado.
Además, yo tenía ganas de una buena comida, pero en el otro sentido de la palabra. Me metí en la cocina con la excusa de darle un poco de azúcar. Ella me siguió y se situó justo detrás de mí. Allí me dijo si le podía ofrecer un poco de agua, a lo que respondí que sí. Le ofrecí cerveza, vino, Coca-Cola y zumo y ella propuso que nos bebiésemos una botella de vino. Fui a buscarla al salón, donde tenía mi pequeña bodega.
Escogí el mejor de todos, un rioja del 1998. Cuando volví a la cocina, ella estaba limpiando la lechuga, pero apareció mi mejor amigo, ese que tantos años me ha acompañado. Aquel día parecía tener un tamaño descomunal, fuera de lo normal. Ella, sin hacer ningún comentario, lanzó su boca hacia la polla.
Empezó a chupar con fuerza, apretándolo y lamiéndolo sin parar. Parecía que se estuviese comiendo un pirulo tropical en un día de agosto a las tres de la tarde. Por lo que pude ver, la chica, lo que es práctica, la tenía.
No era la primera verga que se ponía en la boca, pero tampoco sería la última, pensé yo. Le apreté la cabeza hacia mí, poniéndole la punta de la polla en la misma campanilla. No hacía ningún movimiento para evitarlo; estaba disfrutando, y yo también. Nunca hubiese pensado que el azúcar iba a ser la solución a mi sequía folladora.
Mi vecina no tenía intención de dejar aquello a medias, por lo que se levantó y se quitó los pantalones. Al quitárselos pude ver que la muy guarra no llevaba nada; ni un simple tanga. Allí iba rozando su coño contra la cremallera de los vaqueros.
Entonces empezó a preguntarme si realmente había venido a por azúcar o si había venido, expresamente, a comerme el rabo. Es lo que dicen, si no tienes nada para cenar, ve ha hacerle la comida al vecino. Parece que se cumplió, que la chica vino para hacerme una gran mamada. Pero ahora había cambiado de idea; quería irse a casa con el coño bien llenito.
Así que yo, buen samaritano como lo soy, le metí mi rabo hasta el hígado. Moví mi cuerpo hacia delante y hacia atrás, clavándole mi verga sin parar.
La chica, muy contenta y excitada, no paraba de dar gritos de placer.
Yo, que aún no acababa de creerme aquella situación, le di la vuelta y le metí el pollón por el culo. Ella sin hacer ascos a la nueva situación, se metió los dedos en el coño. ¡Aquello era el festival del sexo!
La chica quería irse a casa bien servida y yo no iba a hacerle el feo de no cumplir. Así que… como si de un bollo se tratase, me corrí en su culo y la envié a casa bien rellena. Pero no penséis que esta fue la única vez que me la follé.
Aquí termina el primer capítulo, pero si veo que tenéis interés, otros relatos seguirán a este. Muchas veces más ha venido a pedir “azúcar” cada vez que su “marido” se ausenta por trabajo…
Ahora os dejo, alguien llama a la puerta…
Autor: Furi
Crazy Stripes is a widget and Adsense ready, 3-column Wordpress theme. The theme is valid coded and works fine on Wordpress 2.x.x versions. Feel free to use it for personal and commercial purposes. Open about.php file in a text editor to edit this text.