Una rica y golosa gordita en la familia
Posted by admin on Jun 30, 2009
Hay un dicho que a la letra dice “culito que ha de ser tuyo solito viene y se ensarta” y es totalmente cierto, hay mujeres que uno ni se imagina que van a terminar entregándonos sus encantos y haciéndonos disfrutar de momentos muy agradables. Martha es esposa de mi cuñado, es una mujer muy joven y muy ardiente, el contacto con mi cuñado y con su esposa Martha era muy esporádico así que era poco lo que la conocía hasta que sucedió lo que les voy a contar.
Mi cuñado por la difícil situación económica que se vive en México, optó por irse a trabajar a Estados Unidos, durante los primeros meses de su estancia allá casi no tuve contacto con Martha pero un sábado en la noche habló a la casa, estaba muy asustada y me dijo que alguien se quería meter a la casa y ella estaba sola con la niña. Le dije que se encerrara en el baño y que no hiciera ningún ruido, inmediatamente me subí al carro y mientras iba a la casa solicité ayuda de la policía. Como era de esperarse llegué más rápido yo que la policía, todavía alcancé a ver a alguien brincar la barda trasera cuando bruscamente frenaba frente a la casa. Tomé una llave tipo “L” y valientemente revisé los alrededores en esos momentos llegó la policía y después de una breve revisión solo encontraron un tubo con el que alguien había intentado forzar una de las ventanas, se fueron los policías prometiéndonos revisar las calles aledañas y buscar sospechosos.
Martha era un mar de nervios, cuando se fue la policía se echó a llorar en mis brazos y no había forma de tranquilizarla la abracé fuerte y mucho tiempo la mantuve así, esperando que recobrara la calma, después de un rato me soltó y me preguntó si quería un café, a lo que yo respondí que no, que prefería algo de licor porque las situaciones tensas como la que acababa de pasar me alteraban la adrenalina y necesitaba algo fuerte para calmarme. Obviamente ella no tenía licor en la casa y me dispuse a salir para buscar que tomar, por ningún motivo ella quiso quedarse sola y me las tuve que llevar, en la tienda de conveniencia compré un licor de almendras y unos dulces para la niña que ajena a la situación de peligro que habían vivido disfrutaba embelesada de esa salida nocturna.
Una vez de regreso en la casa disfruté de lo dulce del licor mientras Martha acostaba a la niña quien pronto se quedó profundamente dormida, cuando volvió a salir llevaba puesta ropa de dormir que sin ser provocativa al estar más escotada dejaba entrever un poco sus encantos, les he de decir que Martha es un mujer con una cara bellísima, con ojos de color y de piel muy blanca, solo que está gordita, no exageradamente pero si rellenita. Sus pechos son grandes proporcionales a su cuerpo, las piernas son gruesas y firmes al igual que sus nalgas tal vez por la juventud (22 años) su cuerpo no es flácido.
Martha me dijo que se había tomado unas pastillas para relajarse un poco, le dije que la mejor manera de relajarse era con un poco de licor y ante mi insistencia accedió a tomar un rato conmigo, platicamos de muchas cosas y cada vez entrábamos más en confianza, Martha reía de cualquier cosa como si ya hubiera olvidado el temor que la asaltaba hacía un par de horas y al hacerlo se recargaba en mi pecho mientras yo la abrazaba aprovechando que por el licor y las pastillas estaba muy desinhibida, yo desde hacía mucho rato estaba pensando en cogérmela pero quería que ella provocara la situación para no meterme en problemas si algo salía mal. Mi verga estaba dura desde hacía mucho rato y Martha se había dado cuenta pues casi siempre que se recargaba en mí, me la rozaba con su mano. La situación era por demás evidente y cada vez me descaraba un poco más, me atreví rozar sus pechos y sentí que su enormes pezones estaban durísimos, puse mis dos manos sobre sus pechos y los masajeé delicadamente, sus labios se prendieron de los míos y tomando su cara entre mis manos la jalé para que quedara encima de mi, nos besamos mucho rato mientras yo con mis manos acariciaba a discreción sus monumentales pechos.
Cuando intenté meter mi mano entre sus piernas ella me detuvo, se levantó y me dijo que la disculpara pero que estábamos rebasando los límites. No pude menos que maldecir a mi suerte por la oportunidad que se me estaba escapando, actué diplomáticamente y le ofrecí disculpas también diciéndole que me había dejado llevar por su belleza y por la tensión del momento. Me dispuse a retirarme pero ella me pidió que me quedara mientras se bañaba para que estuviera al pendiente de la niña. Entró al baño y dejó la puerta entreabierta para seguir platicando conmigo, yo no podía verla y no hice el menor intento de espiarla auque me moría de ganas por hacerlo, cuando salió iba solo envuelta en un toalla y al acercarse a donde yo estaba la dejó caer quedando desnuda delante de mi, no supe que decir y solo atiné a tomar su mano.
Ella puso mi mano sobre su rasurada vagina y pegó sus pechos a mi cara, a modo de atenuante me dijo que se sentía muy sola y que necesitaba las caricias de un hombre. De inmediato me levanté y volví a besar sus labios y a tomar sus pechos entre mis manos, ella sacó mi playera por sobre mi cabeza y me encantó sentir la frescura de su cuerpo húmedo, acariciaba la dureza de sus nalgas, me empujó y volví a quedar sentado en el sillón, acto seguido se sentó sobre mí separando sus piernas y me volvió besar de forma muy intensa.
Los movimientos pélvicos de Martha sugerían que ya estábamos haciendo el amor pero no era así, mi verga todavía estaba prisionera y requería con urgencia ser liberada, de cualquier forma no quise precipitarme y dejé que ella actuara como quisiera, después de un rato de seguir de la misma manera, ella se desmontó y desbrochó mi pantalón, después se agachó y tomando el zipper con los dientes lo fue bajando con lentitud, yo esperaba que chupara mi miembro pero solo le dio un beso en la base y se volvió a subir metiéndose toda mi verga en su interior, estaba exageradamente mojada y la penetración fue muy placentera, el calor de su cuerpo aumentaba al tiempo que se aproximaba su clímax, subía y bajaba sobre mi miembro con rudeza, el choque de nuestros cuerpos me ponía a mil y hacía intentos soberbios para prolongar más el placer y dejar satisfecha a esta preciosa hembra.
Mis dedos acariciaban su esfínter anal, dándole a entender lo que quería y ella se dejaba hacer, cuando su segundo orgasmo estaba por llegar empujé mi dedo índice en su culito y ella metiendo mi cara entre sus poderosos pechos dejó escapar un ahogado gemido los que provocó que yo no me pudiera aguantar más y me derramara en su interior. Ella siguió subiendo y bajando sobre mi verga todavía un par de minutos mientras perdía la dureza y se quitó solo cuando sintió que estaba completamente flácida. Martha sudaba copiosamente y eso aunado al brillo de sus ojos y a la sonrisa de satisfacción me convenció de lo bien que la había pasado…
- Estuvo muy rico – me dijo Martha…la verdad es que me hacía falta desde hace mucho y todavía me estaba haciendo la difícil…
Yo por mi parte le agradecí que hubiera dejado que fuera yo quien le quitara las ganas y me dejara disfrutar de una mujer tan hermosa y ardiente.
Estábamos los dos desnudos en el sillón, ella estaba ligeramente recostada con sus piernas encima de las mías cuando hice el intento de levantarme, no me lo permitió, le dije que solo quería servirme un poco más de vino, se ofreció a servírmelo ella, llenó el vaso y antes de dármelo tomó un gran sorbo y reteniéndolo en su boca se acercó a besarme y compartimos el vino que había en su boca. Jamás en mi vida se había ocurrido hacer algo parecido y fue muy grato hacerlo.
Le dije que juntara sus pechos y vacié un poco de licor en medio y recogí con mi lengua lo más que pude, el jugueteo había hecho que mi miembro recuperara su vigor y nos disponíamos a una segunda ronda de caricias, le pedí un wawis (sexo oral) y me dijo que me lo hacía solo si estaba bien limpio, le propuse que nos ducháramos juntos y accedió.
En la regadera nos enjabonamos mutuamente y al mismo tiempo no acariciábamos al tenerla de espalda puse mi verga en la entrada de su culito he hice un poco de presión, me dijo que le dolía pero no hizo ningún intento por retirarse, seguí haciendo presión hasta que sentí que entraba la punta de mi pene, supe que eso le había dolido bastante porque gritó y se separó de inmediato, tomó mi verga entre sus manos y me dijo:
-Ahora vas a saber lo que se siente y agachándose se la metió en la boca y me mordió un poco fuerte, me quejé y dejó de hacer presión, siguió chupando mi pene ahora de forma delicada, pasaba su lengua por todo alrededor y luego se lo metía hasta el fondo y al sacarlo le daba un beso en la punta.
Después de un rato se cansó de estar en esa posición y se levantó para seguir besándome. Cerré las llaves y la fui empujando para salir del baño con el agua escurriendo por nuestros cuerpos llegamos otra vez hasta el sillón donde se dejó caer, poco a poco fui bajando por su cuerpo desde sus labios hasta llegar a su pelvis, separé sus piernas y ella sola se abrió con los dedos su vagina que es de color rosa pálido…
El clítoris era casi blanquecino y se notaba perfectamente sobresaliendo de su vagina, con la punta de mi lengua hacía caricias circulares en su clítoris logrando que Martha suspirara de placer, comencé a pasar mi lengua por toda su vagina e introduje mi dedo índice en su interior buscando el punto G, Martha está entregada a plenitud, dejaba que mi manos y mi boca la llevaran al paraíso de los amantes, sus pechos subían y bajaban con fuerza mientras sus pezones presionados entre mis dedos aumentaban de temperatura y se hacían más duros.
Sentí su espalda arquearse de placer cuando sucumbía a los arrebatos de su tercera venida de la noche. Me levanté hasta su altura y me apoderé de nuevo de sus carnosos labios.
-¿Todavía quieres hacérmelo por atrás? – me preguntó con una sonrisa picara – Me encantaría – le respondí – pero si te duele mucho mejor ahí le paramos. – Pues si me duele – me contestó – pero te lo mereces por todo el placer que me has dado.
Despacio se dio la vuelta y quedó a gatas en el sillón ofreciendo su virginal ano, aun se volvió y me envió un beso a la vez que cerraba uno de sus ojos. Estaba en la cúspide del placer, con una de mis manos separé sus nalgas y con la otra apuntaba mi verga hacia su orificio, estaba como ya dije muy excitado, había mucho líquido en la punta de mi miembro por lo que la lubricación era excelente con un poco de presión logré meter la punta.
Martha a pesar de estar aguantando la respiración, emitió un pequeño quejido, no quise hacerla sufrir más y mejor metí mi verga en su vagina y con movimientos casi desesperados por toda la excitación que tenía, arremetí durante un par de minutos y le volví a llenar su vagina con mis fluidos.
Me dejé caer en el sillón al lado de ella, se acercó hasta mi y me besó tiernamente varios minutos,
- Tengo que volver a casa le dije…
Quiso que me quedara con ella y nos acostamos juntos, cuando sentí que se había quedado dormida me levanté despacio y me fui. Otras ocasiones volvió a llamarme y nuevamente nos entregamos a las caricias prohibidas, que son por cierto las más placenteras, pero como dijo la nana Toña “eso es otra historia”
Bueno pues hasta la próxima, se cuidan y se portan bien….y si se portan mal, pues ahí nos lo platican ¿digo no?
Autor: DJ majic
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